Miles de personas alrededor del mundo mueren a causa de las enfermedades producidas por el consumo del cigarrillo.
A pesar de las campañas realizadas, el número de fumadores aún sigue siendo muy alto y sus actos no solo los perjudican a ellos mismos, sino también a las personas no fumadoras que viven a su alrededor. La dependencia al cigarrillo se produce por uno de los componentes de este: la nicotina.
Este compuesto actúa sobre una región de nuestro cerebro, que al acostumbrarse a la reacción que produce la nicotina pide mayor cantidad y con mayor frecuencia. Los métodos que se han creado para dejar el hábito incluyen los parches y chicles de nicotina. Sin embargo, muchas veces estas técnicas fracasan. Los consejos para dejar de fumar son muchos y su éxito varÃa de acuerdo a la persona.
Algunos de ellos es cambiar constantemente las marcas de cigarrillos que se fuman o simplemente masticar un chicle para calmar la ansiedad y el hábito oral, esto con el fin de “engañar” a nuestro cerebro. Sin embargo, un tratamiento exitoso no es el que engaña a nuestro cerebro, sino el que lo disuade de seguir fumando.
Bajo esta premisa, muchos especialistas abogan por el poder de la mente para dejar el cigarrillo. El terapeuta canadiense Arthur Rowshan asegura que el 63 por ciento de sus pacientes han logrado dejar de fumar en un perÃodo de seis meses, mediante sesiones en las que el terapeuta simplemente conversa con los pacientes.

Lo que hace Rowshan es en sus propias palabras “sembrar ideas y facilitar el proceso para que la mente entre en el juego de no fumar mediante pensamientos, relajación hipnótica y terapia magnética“. Luego del tratamiento sus pacientes no han vuelto a recaer y han dejado el hábito por decisión propia, convenciéndose a sà mismos que el cigarrillo los perjudica y que su calidad de vida se elevará al tener sus pulmones libres de humo.
Las iniciativas propias para alejarse del tabaquismo son también alentadoras. Sin embargo, muchas de estas personas se deprimen cuando vuelven a recaer. Es importante que la meta de no fumar se la planteen cada dÃa, y de recaer en el vicio pensar que pudo lograrlo durante un tiempo y que debe volver a empezar.
Algunos estudios revelan que el 80 por ciento de los fumadores adultos, probaron su primer cigarrillo antes de los 18 años. El mismo porcentaje en algún momento de su vida tiene el deseo de dejar el hábito. El 35 por ciento lo intenta y tan solo el 5 por ciento lo logra.

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